7.24.2010

Segundo Relato.



Jueves 16 de diciembre de 2009 -21:48hrs. Día 337.

    Escalaba la cima más alta de mis sueños, el viento golpeaba mi rostro y alborotaba mi cabello, la brisa invernal se convertía en sangre, mis lágrimas de sangre.

    En esos momentos no sentía nada, ni el frio que congelaba mi nariz y mis manos, nada. De mis cinco sentidos solo tenía en función dos, el oído y la vista, ya que el dolor me dejaba en un estado de sobrevivencia.

    Escuchaba la brisa y el latido de mi corazón, veía el camino que me esperaba y las nubes que se alejaban y dejaban en soledad a la noche eterna. Mientras observaba, estuve a punto de tropezar, aunque si no fuera humana y no tuviera reflejos hubiera caído y obligar al destino y al futuro que tomaran sus cosas y se marcharan, pero no ocurrió y mis reflejos, cuidaron de mi vida.

    Quería morir, o acabar con estos pensamientos que abarcaban sus ojos fogosos, con ese pequeño toque del crepúsculo de aquel día, o ahogar el sabor de sus labios, que eran como pétalos perfumados.

    Escuche unas pisadas a lo lejos, aparte de las mías y pensé que sería él, así que corrí hacia donde mis oídos me llevaban y mis ojos querían verlo. No había nada tan solo el gran eso de mis pisadas y los sollozos, con los que anhelaba me ahogaran.

    ¡Sé que estas ahí!
    ¡Sé que me escuchas!
    ¿Puedes sentirme?
    ¿Acaso existes?

    Grite a la nada esperando la respuesta de mis súplicas, las cuales jamás llegaron y lo único con lo que me encontré fue más silencio, mas burla.

    Volví a correr, correr hacia sus brazos abiertos aunque sabía que jamás me encontraría con ellos.

    ¡Sé que puedes escucharme!
    ¡Sé que existes!
    ¡Sé que has venido a salvarme!
    ¡Sé que estas aquí por mí!

    El último grito fue desgarrador, el último grito me puso de rodillas en la nieve, el último grito me hizo recuperar todos mis sentidos. Aunque mi vista estaba bloqueada por lagrimas, al levantar mi rostro para aventar una súplica mas, pude observar la noche que me acompañaba y la luna como me observaba. Era todo tan hermoso, tan encantador. Había olvidado mi entorno desde que él me abandono.

    Escuche a las estrellas que me decían que no me preocupara, que lo habían visto, escuche el canto del dolor y lo acompañaba el latido de mi corazón desesperado.

    Sentí la nieve y la textura me recordaban a su gélida piel. Suspire, y con el traje un aroma el cual me recordaba a las rosas en otoño. Y en la punta de mi lengua pude saborear el éxtasis de su cuerpo que alguna vez bebí.

    Dije su nombre en voz baja. Entre en desesperación en aquella sima. Quede en un profundo sueño, ya que la quemazón en mi pecho me abrigaba, aunque me dolía hasta la última vena de mi corazón.

    Al abrir mis ojos me encontré con una gran sorpresa y a la vez, sentí alivio. Me hallaba en mi recamara taciturna, hiperventilando y en la oscuridad. Lloraba, mi respiración era agitada, tenia escalofríos y la garganta me ardía.

    “Fue una pesadilla, una pesadilla mas”. Dije para mis adentros y sí, tenía razón, había sido una pesadilla más, donde él la protagonizaba o al menos, eso creía…

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